viernes, 3 de diciembre de 2010

Misiles que alejan la paz y recuerdan la guerra


El silbido de los misiles, grabado a fuego en la memoria de los soldados que lucharon inocentemente por defender la soberanía de las Islas durante la Guerra de Malvinas, vuelve a aparecer como un susurro en la sociedad argentina. A 28 años de aquel trágico acontecimiento, Gran Bretaña amenazó con disparar cohetes hacia la tierra y el agua con el fin de explorar y explotar petróleo.

El fantasma de los ejercicios militares retumba en el continente argentino a partir de la notificacion que las Fuerzas Armadas británicas le hicieron llegar al Servicio de Hidrografía Naval nacional, donde se señalaba la decisión del país europeo de comenzar con la puesta en marcha de ejercicios marciales en la costa este del archipiélago. Esas acciones fueron acertadamente repudiadas por el Gobierno argentino por tratarse de una maniobra unilateral, que no acata los tratados internacionales.

El nuevo emprendimiento, que generaría millones de dólares, está a cargo de la compañía privada Puerto Smyley Ltd, y si todo sale como se espera –según la Agencia Mercopress- pronto se instalarían contenedores para caños, una planta de tratamiento de aguas, un almacén y suministro mar adentro para hasta ocho buques, asi como un muelle de carga y de combustible.

La ira que generó la iniciativa en las autoridades locales, por constituír una provocación inaceptable en el marco de la postura argentina sobre “la busqueda de una solución pacífica de la controversia” desde hace años, pudo no haber sido tan grave si al menos se hubiese hecho una presentación formal entre primeros mandatarios, o en su defecto se hubiese convocado a una asamblea de la ONU.

“Los ejercicios militares contravienen el objeto y fin de los acuerdos bilaterales sobre medidas de fomento de la confianza en el orden militar vigentes entre los dos países”, sentenció el vicecanciller Alberto D’alotto. En ese sentido, las resoluciones de Naciones Unidas –según precisó Héctor Timerman- prohibe explorar y explotar minerales o petróleo en terrirorios en disputa, y realizar ejercicios misialisticos en las áreas en conflicto, como son las Islas Malvinas ya que Argentina continúa reclamando la soberanía del territorio.

El conflicto entre Londres y Buenos Aires no aterrizó con las últimas novedades sino que ya en febrero el Reino Unido se jugó una carta fuerte que acrecentó las rispideces. Pese al decreto firmado por la presidenta Cristina Fernández, en el que se indicaba que todos los barcos que se dirigían hacia o desde las Islas Malvinas a puertos nacionales debían contar con un permiso previo de la Argentina, llegó al archipiélago la plataforma petrolera Ocean Guardian.

El tesoro de los 60 mil millones de barriles de petróleo que se suponen yacen en torno a la Isla austral ya conformaban uno de los principales motines que los soldados británicos no estaban dispuestos a entregar durante el enfrentamiento bélico de 1982, y al que se aferraron con todo su poderío. De hecho los misiles “Rapiers”, que ahora se pretender disparar, permanecen en la ciudad de los kelpers desde la Guerra y tienen la capacidad de impactar en blancos voladores.

Si bien geografica e históricamente las Malvinas son argentinas, y pertenecen al territorio nacional, la ocupación de las islas del sur fueron legitimamente ocupadas ya que fueron los británicos quienes resultaron victoriosos de la disputa bélica, la que desde un primer momento tenían ganada por encontrarse en superioridad de condiciones. Pero al estar la soberanía de la región en el foco de la polémica, es indebido y rebelde decidir llevar a cabo operaciones militares, en el marco hermético que Gran Bretaña ha adoptado respecto a posibles negociaciones. Y ante el rechazo que esas iniciativas generó en la comunidad internacional, principalmente de América Latina.

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