sábado, 30 de octubre de 2010

Sistema Mediático Central

Así como la propiedad de tierras en manos de pocos hacendados criollos fue el factor principal de un periodo histórico de la Republica Argentina, en materia de medios de comunicación, la concentración de la información comenzó una carrera acelerada desde la década de los ’90 a esta parte.

Desde el término mismo de democracia se establece que el poder reside en el pueblo y que son sus miembros quienes, a través de mecanismos de participación indirecta, toman las decisiones que responden a la voluntad colectiva. Sin embargo, ni la ley 22.285 de Radiodifusión de la dictadura, ni los decretos que durante la presidencia de Carlos Menem modificaron algunos de esos artículos, surgieron del consenso de la población argentina. Peor aún, nacieron para su perjuicio.

Es a partir de la Ley de Reforma del Estado y la Ley de Emergencia Económica en 1989, cuando comienzan los grandes cambios en el sector radiotelevisivo y se inicia el proceso de privatización y concentración en el sistema de medios. Ello se produce a partir del visto bueno que se le da a las industrias gráficas para que puedan ingresar como propietarias de los medios de radiodifusión.

El banderín en alto de Menem provocó que los grupos editoriales más importantes se hagan propietarios de los canales de aire: Clarín se queda con Canal 13, que a su vez ya tenía, a través de testaferros, el control de Radio Mitre y FM 100; Editorial Atlántida se queda con Canal 11 (Telefé) que ya estaba relacionado con Radio Continental. También adquiere importancia el grupo de Eurnekián, que de tener sólo El Cronista Comercial, pasa a controlar Radio América, Canal 2 y Cablevisión.

Dentro de ese panorama, la población cree una realidad brindada por la prensa en la que se encubre otro escenario imbuido de intereses que actúan como filtros entre la verdad de los acontecimientos que se cuentan, por un lado, y la gente que consume dicha información, por otro. Es decir, una persona que se informa a partir de la radio, el diario y la televisión podría confiar en la veracidad de lo que transmiten, pero no reparan en que probablemente esas difusoras respondan a la misma empresa.

A casi un año de sancionada la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sigue poniéndose en tela de juicio la intencionalidad política por la que fue sancionada, pero pocas voces se resalta el sendero que caminaron más de 300 organizaciones nucleadas en la Coalición por una Radiodifusión Democrática”. Desde allí se redactaron 21 puntos básicos que no podían faltar en la nueva reglamentación, y que de hecho fueron incorporados. Es decir que la “ley de medios K”, como quiso rotular peyorativamente el Grupo Clarín, no se impuso dictatorialmente, sino que se debatió en Foros Regionales, coordinados con Universidades Nacionales, organizaciones de la sociedad, cámaras empresarias, sindicatos, asociaciones de radiodifusores y público en general.

Históricamente el periodismo ha sido considerado el cuarto poder de toda sociedad, por la capacidad que tienen los medios de comunicación de instalar temas de debate en la opinión publica, y de controlar ciertos abusos del gobierno. Sin embargo esa fuerza ha construido una red de tejidos entre las empresas multimediales que conspira contra la democracia, al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el derecho a la cultura y a la información de los ciudadanos. Por lo tanto, más que un sistema de medios es un sistema nervioso, donde la única coordinación que reina es la del favor y su retribución.


Libertad, socia de los soñadores

Un virus fue engendrado en la sociedad francesa de 1968, y no fue precisamente de carácter infomático o biológico. Se alojó en las mentes de los jóvenes y de allí se propagó a nivel mundial. A pesar de haber sido llamada la Semana Rabiosa, no fue la rabia la que generó la movilización de las masas en los primeros días de mayo, sino el deseo por lograr una verdadera revolución de la libertad.

A pesar de que en casi todas las rebeliones de la historia se inscribieron causas y consecuencias políticas, lo ocurrido en el Mayo Francés trascendió esos recintos. El anhelo reinante de provocar un cambio social anticapitalista y anticomunista, y por ende posicionarse en una tercera arista socialista, pronto desató manifestaciones socioculturales reprimidas, que por su vigencia hasta hoy marcan el indiscutible triunfo de aquellos agitadores.

Fue desde las aulas de la universidad de Nanterre, desde donde filósofos como Jean Paul Sartre y Herbert Marcuse, comenzaron a generar, a través de la transmisión de sus ideales a los alumnos, el caldo de cultivo para una inminente rebelión estudiantil. Pero ese no era el lugar para reclamar, ya que “La política pasa en la calle”, tal como se leía en una de las paredes parisinas.

“Es la invasión de la esfera política por los problemas culturales, del mismo modo que la revolución industrial correspondió, en 1848, a la invasión de la política por los problemas de trabajo. En 1968, entraron problemáticas completamente nuevas en el debate público, relacionadas a las minorías, a la inmigración, a las reivindicaciones regionales. El vocabulario, la representación de los hechos y sus medios de existencia”, argumentaba Alain Turaine, por entonces director del departamento de sociología de Nanterre.

El movimiento naciente trajo consigo expresiones típicas de la juventud, enaltecidas por un gran sentido de la creatividad y la imaginación que se vieron representadas en las serigrafías, los escritos en las paredes, lo que se cantaba y las pancartas. En palabras de Beatriz Sarlo: “El Mayo francés fue el pop art, el arte conceptual, el happening, la instalación, los graffiti, el collage, la historieta: todas las formas del vanguardismo internacional sesentista”.

El estandarte “Desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta”, no es más que la onda expansiva de un movimiento hippie en pleno auge, y que Turaine inscribe también en los días de mayo: “Diría sobre todo que 1968 cambió nuestra relación con nosotros mismos, nuestra construcción de la vida cultural, y en particular, nuestra relación con la sexualidad”:

La presencia de mujeres entre el millón de obreros y estudiantes, durante las marchas que se produjeron a lo largo de toda Francia al grito de “De Gaulle asesino” y Gobierno popular”, marca el detonante de la liberación femenina que venia produciéndose a partir de la igualdad de los salarios y la libertad de procrear. Al mismo tiempo se fecundan los movimientos ecologistas y antirracistas.

Si bien la revuelta del 68 no logró provocar un cambio radical del viejo orden político, ya que las burocracias partidarias permanecieron aún con un socialista-comunista como fue François Mitterrand, quedó demostrado cómo las clases subalternas pudieron caminar a la par de la “inteligencia universitaria”. Cambió las pautas de comportamiento e introdujo nuevos valores. Fue un acontecimiento bisagra en cuanto al rol de la juventud que quería amar, y no por ello ser “Ni robot, ni esclava”.

martes, 5 de octubre de 2010

De dominados a legitimados

El 17 de octubre de 1945 la Argentina amaneció envuelta en un verdadero carnaval del cual los protagonistas y espectadores convergían en una única figura: la clase obrera. En el curso de la fiesta –según Mijail Bajtin- sólo puede vivirse de acuerdo a sus leyes, es decir de acuerdo a las leyes de la libertad. Justamente fue por derechos, que pretendían negárseles, y que los hacía más libres, que las clases subalternas pusieron aquella jornada el grito en el cielo.

Los beneficios obtenidos por Perón, como el Sueldo Anual Complementario (aguinaldo), los subsidios por accidentes de trabajo y los reiterados aumentos de salarios, dotaron al proletariado de una confianza que estuvo reflejada en las posibilidades que, partir de entonces, se generaron para ascender socialmente, y dejar de estar dominados y marginados de la escena política, civilizada y cultural del país.

Tras la detención de Perón, los rumores que anticipaban la anulación de la legislación laboral implementada y las conquistas logradas corrieron como una llama encendida entre los centros fabriles de Buenos Aires y el Interior, quienes organizaron levantamientos espontáneos en distintos puntos del país, presionando a la CGT para que declarara una huelga general para el día 18. Pero el fervor y la impotencia se dieron cita un día antes.

Las aguas que rodean a la Isla Martín García acallaban a Juan Domingo Perón y lo separaban de los miles de trabajadores que habían representado su principal objetivo de lucha mientras fuera Secretario de Trabajo y Previsión. Pero tal estandarte demostró que ya podía valerse por si mismo y revertir la balanza del anormal equilibrio social que reinó durante los gobiernos conservadores, cuyas políticas no posicionaban al obrero como beneficiario sino como victima.

Los violentos ataques protagonizados por obreros, el Día de la Lealtad, en Berisso, Ensenada y La Plata, contra símbolos de la elite como la Universidad, los diarios tradicionales de El Día y La Prensa, y el Jockey Club, estaban cargados de resentimiento y bronca, ya que esas instituciones habían sido vedados para la “muchedumbre”. Un canto de aquella jornada refleja ese sentimiento: “Piantate de la esquina oligarca loco, que el pueblo no te quiere y Perón tampoco”.

Durante las dos primeras presidencias de Perón se implementaron acciones democratizadoras de la sociedad que permitieron la incorporación de los sectores populares a ámbitos prestigiosos como el cine, las canchas de fútbol, los teatros, entre ellos el Colón, las escuelas medias y universidades y los complejos vacacionales, entre otros. De ese modo las clases altas vieron invadidos los espacios que eran de su exclusividad.

Si bien es cierto que desde su cargo en el Departamento Nacional del Trabajo, en 1943, Perón ya tenía como objetivo claro organizar las bases de su proyecto político, que se vio reflejado días más tarde en el Partido Laborista, es innegable que ex presidente no ilusionó al pueblo y luego lo traicionó. Los frutos de la primera y segunda presidencia del General son palpables y observables. Lo que no es poca cosa en el campo de la política donde del dicho al hecho suele haber un gran trecho.

Viejas libertades, otras vergüenzas

Trajes, camisas, corbatas y mocasines, por un lado. Jeans, camisetas, zapatillas y guitarras, por otro. Esos son algunos de los simbolismos que reflejan, en una pequeña magnitud, los cambios que se produjeron en la sociedad argentina a partir de la Reforma Universitaria hace 92 años.

Los gritos nada caprichosos de los reformistas cordobeces de 1918 pusieron en el centro de la escena latinoamericana a la educación superior, como único estandarte posible para construir un país democrático, al menos dentro de los claustros universitarios. Pero, en qué medida, la historia se hizo eco de esos reclamos. Pareciera que el tiempo va borrando, de a pequeñas gotas, la estela que dejaron los revolucionarios.

Los jóvenes de la Reforma encabezaron una ardua lucha en pos de liberar a las casas de altos estudios de las ataduras que mantenían con la Iglesia, lo cual significaba una mordaza a las ideas libres y al progreso. Opresión materializada –entre otras cosas- en el ocultamiento de las teorías científicas de Darwin y Newton y en el culto excesivo a las tradiciones arcaicas.

Las exigencias eran claras, coherentes, y fundamentalmente posibles. Algunas de ellas se convirtieron en logros del estudiantado como la docencia libre, las cátedras paralelas, los concursos públicos, la periodicidad de cátedra y la extensión universitaria. Sin embargo, en institutos académicos públicos y nacionales, surgidos mucho después de la Reforma, los centros de estudiantes se esfuerzan, muchas veces a contra marea, por implementar la oferta de mas de una comisión por materia.

El amiguismo se para también frente a los pizarrones de las universidades, violando otro de los principios por el cual la revolución estudiantil tuvo lugar hace más de nueve décadas: el acceso de los docentes por concurso y la revalidación periódica de sus cargos.

El levantamiento de Córdoba izó otras banderas a las que hoy les toca flamear con viento en contra: la autarquía financiera y el financiamiento universitario, el cogobierno, la gratuidad y el acceso masivo a la educación de excelencia. Las aulas del conocimiento han sido muy maltratadas de un tiempo a esta parte. Y ello se representa en fríos pero certeros números: En América Latina se destina solo entre un 2,5 y 4 por ciento del PBI, desoyendo las recomendaciones de la UNESCO, que estima un nivel de inversión no inferior al 7 por ciento.

En el marco de una Universidad y una sociedad argentina muy distinta a la de 1918, los reclamos de los estudiantes se suceden y varían a cada minuto. Casas de estudios tomadas por fallas edilicias, amenazas de privatizar la enseñanza, cursos de ingreso que funcionan como filtros para detener la masividad de la formación, y jornadas violentas cada vez que se eligen rectores, son algunas de las falencias que requieren un debate urgente para que la educación superior sea tal cual la pensaron los revolucionarios de ayer.

viernes, 1 de octubre de 2010

La Noticia se pesa y cotiza


El panorama de la prensa gráfica en Argentina no siempre fue el mismo en cuanto al objetivo mismo de su existencia. Resultaría ingenuo creer, como sucedía hace décadas, que los diarios bregan por poner en circulación simples ideas políticas, sindicales o tradicionales. Hoy día el lucro antecede a la verdadera realidad.

Nadie duda de que la sociedad está inmersa en la era de la información y las comunicaciones. Y que ello es producto de un fenómeno mundial como la globalización tampoco. Pero, cuál es el motor que pone en funcionamiento la gran maquinaria de la noticia en la Argentina desde hace un poco más de 20 años. La respuesta podrá inquietar a más de un romántico: la fuerza que enciende a los medios son los intereses económicos.

El concepto “reflejo de la realidad” que miles de estudiosos, y peor aún, empresarios de medios han repetido hasta el hartazgo como sinónimo de noticia, ha perdido brillo. Entre los haces de luces y la serie de acontecimientos que se viven en la sociedad, se entremeten los grandes negociados entre las empresas informativas y otras compañías inversoras.

Un claro ejemplo lo constituye el Grupo Clarín, quien es dueño de tres diarios nacionales, y tres provinciales, además de tener altos porcentajes de acciones en empresas editoriales; radios AM y FM; canales de TV de aire, de cable, y satelital; productoras de cine, de contenidos, y deportivas; sitios y servicios de Internet; agencia de noticias; y otras empresas como Papel Prensa y la agencia AdTime, encargada de la publicidad estática en los estadios de fútbol.

La lógica actual de las empresas mediáticas, y en este caso, la de los diarios, es llegar a los nuevos públicos, hijos de la globalización informativa, para lograr la mayor cantidad posible de publicidades. En ese sentido, los suplementos son una alternativa cada vez más usada para conquistar un mayor espectro de lectores. Siguiendo con el ejemplo de Clarín, éste tiene más de una decena de agregados al cuerpo informativo principal.

Si los periódicos fundadores de Argentina se presentaban como una vidriera de las diversas corrientes políticas e ideológicas existentes en la sociedad, en el presente, esa vidriera tendría dos caras: en una se evidenciaría la postura del medio, ya sea oficialista o de la oposición, y en la otra, los intereses y negociados empresariales que en definitiva determinan la manera en que los periodistas seleccionan y presentan las noticias del día.