sábado, 30 de octubre de 2010

Libertad, socia de los soñadores

Un virus fue engendrado en la sociedad francesa de 1968, y no fue precisamente de carácter infomático o biológico. Se alojó en las mentes de los jóvenes y de allí se propagó a nivel mundial. A pesar de haber sido llamada la Semana Rabiosa, no fue la rabia la que generó la movilización de las masas en los primeros días de mayo, sino el deseo por lograr una verdadera revolución de la libertad.

A pesar de que en casi todas las rebeliones de la historia se inscribieron causas y consecuencias políticas, lo ocurrido en el Mayo Francés trascendió esos recintos. El anhelo reinante de provocar un cambio social anticapitalista y anticomunista, y por ende posicionarse en una tercera arista socialista, pronto desató manifestaciones socioculturales reprimidas, que por su vigencia hasta hoy marcan el indiscutible triunfo de aquellos agitadores.

Fue desde las aulas de la universidad de Nanterre, desde donde filósofos como Jean Paul Sartre y Herbert Marcuse, comenzaron a generar, a través de la transmisión de sus ideales a los alumnos, el caldo de cultivo para una inminente rebelión estudiantil. Pero ese no era el lugar para reclamar, ya que “La política pasa en la calle”, tal como se leía en una de las paredes parisinas.

“Es la invasión de la esfera política por los problemas culturales, del mismo modo que la revolución industrial correspondió, en 1848, a la invasión de la política por los problemas de trabajo. En 1968, entraron problemáticas completamente nuevas en el debate público, relacionadas a las minorías, a la inmigración, a las reivindicaciones regionales. El vocabulario, la representación de los hechos y sus medios de existencia”, argumentaba Alain Turaine, por entonces director del departamento de sociología de Nanterre.

El movimiento naciente trajo consigo expresiones típicas de la juventud, enaltecidas por un gran sentido de la creatividad y la imaginación que se vieron representadas en las serigrafías, los escritos en las paredes, lo que se cantaba y las pancartas. En palabras de Beatriz Sarlo: “El Mayo francés fue el pop art, el arte conceptual, el happening, la instalación, los graffiti, el collage, la historieta: todas las formas del vanguardismo internacional sesentista”.

El estandarte “Desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta”, no es más que la onda expansiva de un movimiento hippie en pleno auge, y que Turaine inscribe también en los días de mayo: “Diría sobre todo que 1968 cambió nuestra relación con nosotros mismos, nuestra construcción de la vida cultural, y en particular, nuestra relación con la sexualidad”:

La presencia de mujeres entre el millón de obreros y estudiantes, durante las marchas que se produjeron a lo largo de toda Francia al grito de “De Gaulle asesino” y Gobierno popular”, marca el detonante de la liberación femenina que venia produciéndose a partir de la igualdad de los salarios y la libertad de procrear. Al mismo tiempo se fecundan los movimientos ecologistas y antirracistas.

Si bien la revuelta del 68 no logró provocar un cambio radical del viejo orden político, ya que las burocracias partidarias permanecieron aún con un socialista-comunista como fue François Mitterrand, quedó demostrado cómo las clases subalternas pudieron caminar a la par de la “inteligencia universitaria”. Cambió las pautas de comportamiento e introdujo nuevos valores. Fue un acontecimiento bisagra en cuanto al rol de la juventud que quería amar, y no por ello ser “Ni robot, ni esclava”.

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