viernes, 3 de diciembre de 2010

La construcción violenta de un país

Un niño de 6 años corretea por la vereda con un libro colorido en cuya tapa se lee “Un elefante ocupa mucho espacio”, hasta que los gritos desesperados de su madre suspenden su diversión. “¡Te dije que no sacaras de casa ese cuentito que es peligroso!”, lo reta. Podría resultar exagerado pero no lo es si se sitúa el hecho en la Argentina de 1976, donde hasta en la inocencia de un texto podía reconocerse “una finalidad de adoctrinamiento que resulta preparatoria a la tarea de captación ideológica del accionar subversivo”, tal como señala un decreto militar de la época.

La violencia emergente en la década del 70 no surgió en un paisaje pacifico ni desentonaba con las situaciones de autoritarismo extremo que padecían o estaban próximos a hacerlo los países de América Latina. De hecho, más de una década antes, había comenzado a gestarse en Argentina el terrorismo de Estado y aquel mensaje de miedo que se mantiene aún hoy entre quienes miran la política de afuera.

El 15 de abril de 1972 la Asamblea General del Poder Legislativo uruguayo aprobó la suspensión de garantías individuales y la declaración del "estado de guerra interno", lo que significó el estallido de un golpe militar. Un año más tarde, los vecinos chilenos sufrieron el derrocamiento del gobierno del socialista Salvador Allende de la mano de Pinochet tras un período de alta polarización política y convulsión social. Otro caso de pronunciamiento militar en el continente fue el que se produjo en Nicaragua en 1979.

Por otra parte, en Argentina, el presidente de facto Juan Carlos Onganía alimentó durante los años de su mandato (de 1966 a 1970) el fuego de lo que sería un incontrolable malestar social. A partir del plan económico Krieger Vasena revocó las medidas de nacionalización y control de capitales del gobierno de Illia, congeló los salarios y devaluó un 40% la moneda nacional.

Uno de los episodios de notorio abuso de autoridad fue la represión en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, conocida como la Noche de los bastones largos, en la que no solo fueron detenidas 400 personas sino que cientos de científicos e investigadores se exiliaron, constituyendo una significativa "fuga de cerebros".

La conformación de Montoneros en el 67 y la explosión del Cordobazo dos años más tarde, que dio como saldo la caída de Onganía y el regreso al poder del peronismo, también dejaba entrever la idea de una transformación social por vía de la violencia armada.

Luego del levantamiento en Cordoba nacieron las guerrillas, y con Perón al poder, ”la violencia durante la democracia provenía de las contradicciones ideológicas entre los distintos grupos peronistas”, según analiza Félix Luna en "El tiempo en el que se perdió la cabeza".

Hacia 1974 los grupos guerrilleros estaban consolidados, se atacaban mutuamente. Montoneros y la JP se volcaron al terrorismo, al igual que el Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) que pertenecía a un sector de la izquierda no peronista. Para la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) el fin era eliminar a aquellos que consideraban “revolucionarios”.

El terror de los años 70, intensificado tras la muerte del general Perón rompió con un pacto social, desestabilizó a toda una república y desató una constante violencia política y social, en un panorama retratado a la perfeccion por el periodista y argentino de valiosos principios como fue Rodolfo Walcs en la Carta Abierta a la Junta Miliatar de 1976.

El vaciamiento ideológico, cultural y social fue planificado y ejecutado por los dictadores en Argentina a partir de la desaparición de 30 mil personas, el exilio de 301 profesores universitarios, entre los que había 215 científicos, la emigración forzada de músicos y escritores, la quema de libros y fundamentalmente a partir del miedo que sembraron hace mas de treinta años y que aparece continuamente como un fantasma entre las generaciones que no encuentran líderes carismáticos ni ideológicos con los que compartir un proyecto de país.

Aquel niño que corría con el libro prohibido en sus manos quizá se paralice, al menos en una primera instancia, cuando alguien alguna vez le proponga participar activamente de la vida política de su tierra ya que recordará los destinos fortuitos que tuvieron los militantes del ’70. Pero si por el contrario reacciona, querrá decir que él le ganó a la mochila de miedo que carga desde aquella época, y que quisieron imponer como un estigma los asesinos de los ’70.

Misiles que alejan la paz y recuerdan la guerra


El silbido de los misiles, grabado a fuego en la memoria de los soldados que lucharon inocentemente por defender la soberanía de las Islas durante la Guerra de Malvinas, vuelve a aparecer como un susurro en la sociedad argentina. A 28 años de aquel trágico acontecimiento, Gran Bretaña amenazó con disparar cohetes hacia la tierra y el agua con el fin de explorar y explotar petróleo.

El fantasma de los ejercicios militares retumba en el continente argentino a partir de la notificacion que las Fuerzas Armadas británicas le hicieron llegar al Servicio de Hidrografía Naval nacional, donde se señalaba la decisión del país europeo de comenzar con la puesta en marcha de ejercicios marciales en la costa este del archipiélago. Esas acciones fueron acertadamente repudiadas por el Gobierno argentino por tratarse de una maniobra unilateral, que no acata los tratados internacionales.

El nuevo emprendimiento, que generaría millones de dólares, está a cargo de la compañía privada Puerto Smyley Ltd, y si todo sale como se espera –según la Agencia Mercopress- pronto se instalarían contenedores para caños, una planta de tratamiento de aguas, un almacén y suministro mar adentro para hasta ocho buques, asi como un muelle de carga y de combustible.

La ira que generó la iniciativa en las autoridades locales, por constituír una provocación inaceptable en el marco de la postura argentina sobre “la busqueda de una solución pacífica de la controversia” desde hace años, pudo no haber sido tan grave si al menos se hubiese hecho una presentación formal entre primeros mandatarios, o en su defecto se hubiese convocado a una asamblea de la ONU.

“Los ejercicios militares contravienen el objeto y fin de los acuerdos bilaterales sobre medidas de fomento de la confianza en el orden militar vigentes entre los dos países”, sentenció el vicecanciller Alberto D’alotto. En ese sentido, las resoluciones de Naciones Unidas –según precisó Héctor Timerman- prohibe explorar y explotar minerales o petróleo en terrirorios en disputa, y realizar ejercicios misialisticos en las áreas en conflicto, como son las Islas Malvinas ya que Argentina continúa reclamando la soberanía del territorio.

El conflicto entre Londres y Buenos Aires no aterrizó con las últimas novedades sino que ya en febrero el Reino Unido se jugó una carta fuerte que acrecentó las rispideces. Pese al decreto firmado por la presidenta Cristina Fernández, en el que se indicaba que todos los barcos que se dirigían hacia o desde las Islas Malvinas a puertos nacionales debían contar con un permiso previo de la Argentina, llegó al archipiélago la plataforma petrolera Ocean Guardian.

El tesoro de los 60 mil millones de barriles de petróleo que se suponen yacen en torno a la Isla austral ya conformaban uno de los principales motines que los soldados británicos no estaban dispuestos a entregar durante el enfrentamiento bélico de 1982, y al que se aferraron con todo su poderío. De hecho los misiles “Rapiers”, que ahora se pretender disparar, permanecen en la ciudad de los kelpers desde la Guerra y tienen la capacidad de impactar en blancos voladores.

Si bien geografica e históricamente las Malvinas son argentinas, y pertenecen al territorio nacional, la ocupación de las islas del sur fueron legitimamente ocupadas ya que fueron los británicos quienes resultaron victoriosos de la disputa bélica, la que desde un primer momento tenían ganada por encontrarse en superioridad de condiciones. Pero al estar la soberanía de la región en el foco de la polémica, es indebido y rebelde decidir llevar a cabo operaciones militares, en el marco hermético que Gran Bretaña ha adoptado respecto a posibles negociaciones. Y ante el rechazo que esas iniciativas generó en la comunidad internacional, principalmente de América Latina.

sábado, 30 de octubre de 2010

Sistema Mediático Central

Así como la propiedad de tierras en manos de pocos hacendados criollos fue el factor principal de un periodo histórico de la Republica Argentina, en materia de medios de comunicación, la concentración de la información comenzó una carrera acelerada desde la década de los ’90 a esta parte.

Desde el término mismo de democracia se establece que el poder reside en el pueblo y que son sus miembros quienes, a través de mecanismos de participación indirecta, toman las decisiones que responden a la voluntad colectiva. Sin embargo, ni la ley 22.285 de Radiodifusión de la dictadura, ni los decretos que durante la presidencia de Carlos Menem modificaron algunos de esos artículos, surgieron del consenso de la población argentina. Peor aún, nacieron para su perjuicio.

Es a partir de la Ley de Reforma del Estado y la Ley de Emergencia Económica en 1989, cuando comienzan los grandes cambios en el sector radiotelevisivo y se inicia el proceso de privatización y concentración en el sistema de medios. Ello se produce a partir del visto bueno que se le da a las industrias gráficas para que puedan ingresar como propietarias de los medios de radiodifusión.

El banderín en alto de Menem provocó que los grupos editoriales más importantes se hagan propietarios de los canales de aire: Clarín se queda con Canal 13, que a su vez ya tenía, a través de testaferros, el control de Radio Mitre y FM 100; Editorial Atlántida se queda con Canal 11 (Telefé) que ya estaba relacionado con Radio Continental. También adquiere importancia el grupo de Eurnekián, que de tener sólo El Cronista Comercial, pasa a controlar Radio América, Canal 2 y Cablevisión.

Dentro de ese panorama, la población cree una realidad brindada por la prensa en la que se encubre otro escenario imbuido de intereses que actúan como filtros entre la verdad de los acontecimientos que se cuentan, por un lado, y la gente que consume dicha información, por otro. Es decir, una persona que se informa a partir de la radio, el diario y la televisión podría confiar en la veracidad de lo que transmiten, pero no reparan en que probablemente esas difusoras respondan a la misma empresa.

A casi un año de sancionada la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sigue poniéndose en tela de juicio la intencionalidad política por la que fue sancionada, pero pocas voces se resalta el sendero que caminaron más de 300 organizaciones nucleadas en la Coalición por una Radiodifusión Democrática”. Desde allí se redactaron 21 puntos básicos que no podían faltar en la nueva reglamentación, y que de hecho fueron incorporados. Es decir que la “ley de medios K”, como quiso rotular peyorativamente el Grupo Clarín, no se impuso dictatorialmente, sino que se debatió en Foros Regionales, coordinados con Universidades Nacionales, organizaciones de la sociedad, cámaras empresarias, sindicatos, asociaciones de radiodifusores y público en general.

Históricamente el periodismo ha sido considerado el cuarto poder de toda sociedad, por la capacidad que tienen los medios de comunicación de instalar temas de debate en la opinión publica, y de controlar ciertos abusos del gobierno. Sin embargo esa fuerza ha construido una red de tejidos entre las empresas multimediales que conspira contra la democracia, al restringir la pluralidad y diversidad que asegura el derecho a la cultura y a la información de los ciudadanos. Por lo tanto, más que un sistema de medios es un sistema nervioso, donde la única coordinación que reina es la del favor y su retribución.


Libertad, socia de los soñadores

Un virus fue engendrado en la sociedad francesa de 1968, y no fue precisamente de carácter infomático o biológico. Se alojó en las mentes de los jóvenes y de allí se propagó a nivel mundial. A pesar de haber sido llamada la Semana Rabiosa, no fue la rabia la que generó la movilización de las masas en los primeros días de mayo, sino el deseo por lograr una verdadera revolución de la libertad.

A pesar de que en casi todas las rebeliones de la historia se inscribieron causas y consecuencias políticas, lo ocurrido en el Mayo Francés trascendió esos recintos. El anhelo reinante de provocar un cambio social anticapitalista y anticomunista, y por ende posicionarse en una tercera arista socialista, pronto desató manifestaciones socioculturales reprimidas, que por su vigencia hasta hoy marcan el indiscutible triunfo de aquellos agitadores.

Fue desde las aulas de la universidad de Nanterre, desde donde filósofos como Jean Paul Sartre y Herbert Marcuse, comenzaron a generar, a través de la transmisión de sus ideales a los alumnos, el caldo de cultivo para una inminente rebelión estudiantil. Pero ese no era el lugar para reclamar, ya que “La política pasa en la calle”, tal como se leía en una de las paredes parisinas.

“Es la invasión de la esfera política por los problemas culturales, del mismo modo que la revolución industrial correspondió, en 1848, a la invasión de la política por los problemas de trabajo. En 1968, entraron problemáticas completamente nuevas en el debate público, relacionadas a las minorías, a la inmigración, a las reivindicaciones regionales. El vocabulario, la representación de los hechos y sus medios de existencia”, argumentaba Alain Turaine, por entonces director del departamento de sociología de Nanterre.

El movimiento naciente trajo consigo expresiones típicas de la juventud, enaltecidas por un gran sentido de la creatividad y la imaginación que se vieron representadas en las serigrafías, los escritos en las paredes, lo que se cantaba y las pancartas. En palabras de Beatriz Sarlo: “El Mayo francés fue el pop art, el arte conceptual, el happening, la instalación, los graffiti, el collage, la historieta: todas las formas del vanguardismo internacional sesentista”.

El estandarte “Desabrochen el cerebro tan a menudo como la bragueta”, no es más que la onda expansiva de un movimiento hippie en pleno auge, y que Turaine inscribe también en los días de mayo: “Diría sobre todo que 1968 cambió nuestra relación con nosotros mismos, nuestra construcción de la vida cultural, y en particular, nuestra relación con la sexualidad”:

La presencia de mujeres entre el millón de obreros y estudiantes, durante las marchas que se produjeron a lo largo de toda Francia al grito de “De Gaulle asesino” y Gobierno popular”, marca el detonante de la liberación femenina que venia produciéndose a partir de la igualdad de los salarios y la libertad de procrear. Al mismo tiempo se fecundan los movimientos ecologistas y antirracistas.

Si bien la revuelta del 68 no logró provocar un cambio radical del viejo orden político, ya que las burocracias partidarias permanecieron aún con un socialista-comunista como fue François Mitterrand, quedó demostrado cómo las clases subalternas pudieron caminar a la par de la “inteligencia universitaria”. Cambió las pautas de comportamiento e introdujo nuevos valores. Fue un acontecimiento bisagra en cuanto al rol de la juventud que quería amar, y no por ello ser “Ni robot, ni esclava”.

martes, 5 de octubre de 2010

De dominados a legitimados

El 17 de octubre de 1945 la Argentina amaneció envuelta en un verdadero carnaval del cual los protagonistas y espectadores convergían en una única figura: la clase obrera. En el curso de la fiesta –según Mijail Bajtin- sólo puede vivirse de acuerdo a sus leyes, es decir de acuerdo a las leyes de la libertad. Justamente fue por derechos, que pretendían negárseles, y que los hacía más libres, que las clases subalternas pusieron aquella jornada el grito en el cielo.

Los beneficios obtenidos por Perón, como el Sueldo Anual Complementario (aguinaldo), los subsidios por accidentes de trabajo y los reiterados aumentos de salarios, dotaron al proletariado de una confianza que estuvo reflejada en las posibilidades que, partir de entonces, se generaron para ascender socialmente, y dejar de estar dominados y marginados de la escena política, civilizada y cultural del país.

Tras la detención de Perón, los rumores que anticipaban la anulación de la legislación laboral implementada y las conquistas logradas corrieron como una llama encendida entre los centros fabriles de Buenos Aires y el Interior, quienes organizaron levantamientos espontáneos en distintos puntos del país, presionando a la CGT para que declarara una huelga general para el día 18. Pero el fervor y la impotencia se dieron cita un día antes.

Las aguas que rodean a la Isla Martín García acallaban a Juan Domingo Perón y lo separaban de los miles de trabajadores que habían representado su principal objetivo de lucha mientras fuera Secretario de Trabajo y Previsión. Pero tal estandarte demostró que ya podía valerse por si mismo y revertir la balanza del anormal equilibrio social que reinó durante los gobiernos conservadores, cuyas políticas no posicionaban al obrero como beneficiario sino como victima.

Los violentos ataques protagonizados por obreros, el Día de la Lealtad, en Berisso, Ensenada y La Plata, contra símbolos de la elite como la Universidad, los diarios tradicionales de El Día y La Prensa, y el Jockey Club, estaban cargados de resentimiento y bronca, ya que esas instituciones habían sido vedados para la “muchedumbre”. Un canto de aquella jornada refleja ese sentimiento: “Piantate de la esquina oligarca loco, que el pueblo no te quiere y Perón tampoco”.

Durante las dos primeras presidencias de Perón se implementaron acciones democratizadoras de la sociedad que permitieron la incorporación de los sectores populares a ámbitos prestigiosos como el cine, las canchas de fútbol, los teatros, entre ellos el Colón, las escuelas medias y universidades y los complejos vacacionales, entre otros. De ese modo las clases altas vieron invadidos los espacios que eran de su exclusividad.

Si bien es cierto que desde su cargo en el Departamento Nacional del Trabajo, en 1943, Perón ya tenía como objetivo claro organizar las bases de su proyecto político, que se vio reflejado días más tarde en el Partido Laborista, es innegable que ex presidente no ilusionó al pueblo y luego lo traicionó. Los frutos de la primera y segunda presidencia del General son palpables y observables. Lo que no es poca cosa en el campo de la política donde del dicho al hecho suele haber un gran trecho.

Viejas libertades, otras vergüenzas

Trajes, camisas, corbatas y mocasines, por un lado. Jeans, camisetas, zapatillas y guitarras, por otro. Esos son algunos de los simbolismos que reflejan, en una pequeña magnitud, los cambios que se produjeron en la sociedad argentina a partir de la Reforma Universitaria hace 92 años.

Los gritos nada caprichosos de los reformistas cordobeces de 1918 pusieron en el centro de la escena latinoamericana a la educación superior, como único estandarte posible para construir un país democrático, al menos dentro de los claustros universitarios. Pero, en qué medida, la historia se hizo eco de esos reclamos. Pareciera que el tiempo va borrando, de a pequeñas gotas, la estela que dejaron los revolucionarios.

Los jóvenes de la Reforma encabezaron una ardua lucha en pos de liberar a las casas de altos estudios de las ataduras que mantenían con la Iglesia, lo cual significaba una mordaza a las ideas libres y al progreso. Opresión materializada –entre otras cosas- en el ocultamiento de las teorías científicas de Darwin y Newton y en el culto excesivo a las tradiciones arcaicas.

Las exigencias eran claras, coherentes, y fundamentalmente posibles. Algunas de ellas se convirtieron en logros del estudiantado como la docencia libre, las cátedras paralelas, los concursos públicos, la periodicidad de cátedra y la extensión universitaria. Sin embargo, en institutos académicos públicos y nacionales, surgidos mucho después de la Reforma, los centros de estudiantes se esfuerzan, muchas veces a contra marea, por implementar la oferta de mas de una comisión por materia.

El amiguismo se para también frente a los pizarrones de las universidades, violando otro de los principios por el cual la revolución estudiantil tuvo lugar hace más de nueve décadas: el acceso de los docentes por concurso y la revalidación periódica de sus cargos.

El levantamiento de Córdoba izó otras banderas a las que hoy les toca flamear con viento en contra: la autarquía financiera y el financiamiento universitario, el cogobierno, la gratuidad y el acceso masivo a la educación de excelencia. Las aulas del conocimiento han sido muy maltratadas de un tiempo a esta parte. Y ello se representa en fríos pero certeros números: En América Latina se destina solo entre un 2,5 y 4 por ciento del PBI, desoyendo las recomendaciones de la UNESCO, que estima un nivel de inversión no inferior al 7 por ciento.

En el marco de una Universidad y una sociedad argentina muy distinta a la de 1918, los reclamos de los estudiantes se suceden y varían a cada minuto. Casas de estudios tomadas por fallas edilicias, amenazas de privatizar la enseñanza, cursos de ingreso que funcionan como filtros para detener la masividad de la formación, y jornadas violentas cada vez que se eligen rectores, son algunas de las falencias que requieren un debate urgente para que la educación superior sea tal cual la pensaron los revolucionarios de ayer.

viernes, 1 de octubre de 2010

La Noticia se pesa y cotiza


El panorama de la prensa gráfica en Argentina no siempre fue el mismo en cuanto al objetivo mismo de su existencia. Resultaría ingenuo creer, como sucedía hace décadas, que los diarios bregan por poner en circulación simples ideas políticas, sindicales o tradicionales. Hoy día el lucro antecede a la verdadera realidad.

Nadie duda de que la sociedad está inmersa en la era de la información y las comunicaciones. Y que ello es producto de un fenómeno mundial como la globalización tampoco. Pero, cuál es el motor que pone en funcionamiento la gran maquinaria de la noticia en la Argentina desde hace un poco más de 20 años. La respuesta podrá inquietar a más de un romántico: la fuerza que enciende a los medios son los intereses económicos.

El concepto “reflejo de la realidad” que miles de estudiosos, y peor aún, empresarios de medios han repetido hasta el hartazgo como sinónimo de noticia, ha perdido brillo. Entre los haces de luces y la serie de acontecimientos que se viven en la sociedad, se entremeten los grandes negociados entre las empresas informativas y otras compañías inversoras.

Un claro ejemplo lo constituye el Grupo Clarín, quien es dueño de tres diarios nacionales, y tres provinciales, además de tener altos porcentajes de acciones en empresas editoriales; radios AM y FM; canales de TV de aire, de cable, y satelital; productoras de cine, de contenidos, y deportivas; sitios y servicios de Internet; agencia de noticias; y otras empresas como Papel Prensa y la agencia AdTime, encargada de la publicidad estática en los estadios de fútbol.

La lógica actual de las empresas mediáticas, y en este caso, la de los diarios, es llegar a los nuevos públicos, hijos de la globalización informativa, para lograr la mayor cantidad posible de publicidades. En ese sentido, los suplementos son una alternativa cada vez más usada para conquistar un mayor espectro de lectores. Siguiendo con el ejemplo de Clarín, éste tiene más de una decena de agregados al cuerpo informativo principal.

Si los periódicos fundadores de Argentina se presentaban como una vidriera de las diversas corrientes políticas e ideológicas existentes en la sociedad, en el presente, esa vidriera tendría dos caras: en una se evidenciaría la postura del medio, ya sea oficialista o de la oposición, y en la otra, los intereses y negociados empresariales que en definitiva determinan la manera en que los periodistas seleccionan y presentan las noticias del día.